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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Cosas que nunca conté en Chistau

Estaba hablando con mi amiga del balonmano del proceso que hice cuando me salieron acúfenos.

A los amigos de Chistau nunca os lo conté.

En una ocasión, yendo por el Pirineo, acudí al hospital de Barbastro por problemas en los oídos.

Allí me metieron en una sala y me hicieron algún tipo de resonancia.

Durante toda mi vida he necesitado de supervisión en contadas ocasiones.

Alguien me hizo creer en mi juventud que había perdido oído a causa de los antibióticos por una neumonía de niño.

Lo cierto es que nací así.

Mi amiga es una maestra de escuela de niños pequeños.

No es una experta en la materia auditiva.

Le dije que a lo mejor mi audiometría señala tan solo el umbral que puedo entender y no el que puedo oír. 

Lo he pensado mejor. 

Nunca presté atención a ello porque sé que no hay solución.

Depende de las teclas de un piano, los sonidos pueden encontrarse en el umbral de lo que puedo captar o de lo que puedo entender.

Nunca dije que no os pude oír.

Solamente si es inteligible en el umbral que soy capaz de entender.

Parece una tontería pero para mí no lo es.

Hace dos años fui a una revisión al hospital clínico porque me salieron acúfenos.

Solo he ido en contadas veces en mi vida a hacerme una revisión.

Sobre todo si he tenido problemas.

Me sentaron en un sillón grande muy confortable en la cabina de audiometría.

Tan cómodo que podría haberme quedado dormido.

Lo primero que hizo la audiologa fue colocarme los auriculares acolchados,
(los de diadema tradicionales que se apoyan por fuera cubriendo la oreja).

Por ahí pudo medir el umbral de ruido que soy capaz de percibir.

Después me colocó los auriculares de inserción (los de espuma que se arrugan y se meten dentro del conducto).

Son para aislar mejor los sonidos del exterior (atenuación del ruido ambiente).

Pero principalmente para evitar que el sonido de un oído se pase al otro durante la prueba.

El tercero es el vibrador óseo (el de la diadema rígida). 

Sirve para enviar las vibraciones directamente a la cóclea a través de los huesos del cráneo.

Este aparato evita el conducto auditivo ayudando a saber si el problema viene de dentro o del oído medio.

Tengo el radar clínico finísimo.

Creo que después me hizo pruebas con la punta de una sonda (un tapón de silicona) que se acopla a un aparato para sellar el conducto y soplar aire.

​Sirve para medir cómo se mueve el tímpano cuando cambian la presión dentro del oído.

Acabado el sondeo dentro de mis oídos la audiologa me volvió a colocar el auricular acolchado para estudiar mi legilibidad.

A eso se le llama cerrar el bucle.

Volvimos al punto de partida con los auriculares acolchados del principio.

Me sometió a la prueba de inteligibilidad (o "legibilidad" de las palabras) soltando un hilo grabado como recurso narrativo.

A lo largo de unos cuarenta minutos escuché miles de palabras de las que solo entendí tres.

Lo único que tenía que hacer es levantar el brazo y decir la palabra.

Intenté entender miles de palabras sin sentido para evaluar cuántas era capaz de descifrar.

Tenía la impresión de estar viviendo con aquellos tonos un interrogatorio clínico.

¡La guinda del pastel!.

Estaba al borde del coma inducido por el aburrimiento y la monotonía. 

Me encontraba a punto de echarme una siesta en medio de una cámara anecoica o un cubículo clínico.

Estaba tan cómodo que solo quería dormir.

Las miles de palabras que soltó la audiologa durante más de cuarenta minutos se escuchaba en un idioma que no era el mío.

Menudo contraste: para mí era la cabaña del relax.

Para la audiologa era un estudio científico milimétrico.

Para mí un montón de sonidos en un idioma extranjero.

Os lo cuento sinceramente tal y como se lo conté a mi amiga del balonmano.

Al final, todo este proceso no va de lo que oigo, sino de lo que mi cerebro es capaz de descifrar.

Se trata de mi capacidad diferente de entender el sonido. 

Yo sigo pensando que la vida, al igual que aquel hilo interminable de palabras en la cabina, está llena de sonidos indescifrables.

A los que entendemos el idioma en un umbral de sonidos diferente solo nos queda responder levantando la mano.



.                                                              Estos son mis umbrales 


Espectrograma: 
Mi voz haciendo experimentación. Ocupa todo el espectro de graves (a la izquierda) superando los 50 hz. En los agudos sobrepasa con facilidad el espectro del piano por la derecha por miles de hercios.

Cosas que nunca conté en Chistau

Estaba hablando con mi amiga del balonmano del proceso que hice cuando me salieron acúfenos. A los amigos de Chistau nunca os lo conté. En u...