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sábado, 31 de enero de 2026

La cena diaria con la diosa del vino en Plan, Valle de Chistau

A lo mejor algunos lo entienden, pero Cristina Ruché hizo de mi cena de todos los días, un acto de espiritualidad religiosa. 

El acto religioso llegaba después de un largo día, de trabajo, de entrenamiento de preparación física, psicológica y mental. 

En todo eso entraban los amigos, las vivencias, nuevos conocidos, cosas que pasaban, circunstancias.

Mis esencias o persona estaba repartida entre Casa Ruché y Casa Ballarín sin ninguna duda. Eran mi familia.

Mi cena se pagaba de mi jornal mensual, del trabajo de cada día, y me gustaba tanto ese trabajo que pasó muy rápido el tiempo. 

Si mi madre tiraba de mí, yo estaba en problemas. Lo dejé claro durante años.

Pero en la cena siempre brillaba la diosa del vino, y Cristina me dijo muchas veces que no bebiera tanto vino.

¿Pero qué es una buena cena sin la botella de vino que me ponía Cristina Bruned?.

Llegaba de ducharme en Ballarín, tomar un café en el hotel, y como único cliente de Cristina, ella encendía las luces del comedor.

- ¿Vas a cenar?.

Me preguntó muchas veces cuando me vio indeciso, que a lo mejor quería rebelarme contra la cena y la diosa del vino.

Yo la miraba como una persona de autoridad que lo único que buscaba es verme bien alimentado. 

Quizás ella es la persona que más se daba cuenta que siempre he sido un crío hábido aventuras.

No porque quisiera hacer daño a nadie, pero iba detrás de cosas que para la mayoría son mariposas revoloteando por el campo. 

Rara vez también salía el macarra, pero ese no era yo, sino un individuo que nació en tiempos de duras necesidades y supervivencia.

Procede de los tiempos del caimán, que llegué a ser el jefe de auténtico grupo de macarras.

Pero a partir de los dieciséis años todo cambió.

Todas estas vidas y todos estos seres circulaban todas las noches en las cenas solitarias servido por Cristina o Pepe.

Cada día les di gracias, muchas gracias, en silencio, mientras saboreaba los platos que sabían que me gustaban.

La botella de vino era la diosa de mi espiritualidad.

Me alejaba de las tentaciones y de las cosas malas, purgando la esencia del trabajador y del corredor de fondo.

¡Pues no!. Nunca me habían tratado con tanta estima ni tanta atención, la misma que yo quería devolver cada día sin complicarme en intereses. 

Era un ritual tan cercano como misterioso.

La botella de vino y el cesto de pan eran lo más parecido a la misa de una iglesia, excepto por la escena tan familiar y cercana. 

¡No os quiero desentrañar más!.

viernes, 2 de enero de 2026

Los aludes en las montañas de nuestro entorno del Pirineo

Siempre le he tenido mucho respeto a la montaña. 

En Chistau corría por la nieve entanto la capa me lo permitía. 

A tener en cuenta que unas zapatillas de correr, excepto la suela de tartán, el resto son materiales de trapo que permiten la transpiración de los pies. 

Una de las veces que hice el Camino de Santiago, corrí un montón de kilómetros por las sierras más altas nevadas.

Tengo mis secretos para mantener los pies secos cuando corro sobre cierto tipo de nieve.

Mi recorrido favorito siempre fue llegar al Collado de Sahún.

Muchas veces que estuvo nevado, fui hasta donde los pies no se hundieran en la nieve.

En cuanto se hunden los pies en la nieve dificultando la carrera, vuelta para atrás y regreso.

Eso quiere decir que muchas veces no he llegado al Collado porque la cantidad de nieve me lo impidió.

Lo mismo ocurrió cuando subía a La Poma.

La Poma sí que es un sitio desolador donde no ves ni Gistaín.

Cualquiera que no lo conozca bien se va a desorientar.

En una ocasión os conté que estuve un tiempo corriendo junto a José Francisco, un guardia civil de Plan.

Subimos a Viadós un día bastante desapacible.

Abandonamos la carretera entrando en el carril a la vera de la ermita de Gistaín y se puso a nevar.

Decidimos seguir porque las zapatillas no se hundían en la nieve polvo.

No paró de nevar ni cuando volvimos de Viadós.

Teniendo apenas 20 años, iba a la alta montaña de Sierra Nevada.

Me enseñaron en pocos minutos los peligros de la sierra en un bar de Órgiva.

El dueño del bar me enseñó a tener fuerzas para ir y guardar fuerzas para volver

También me enseñó a no meterme donde no debiera.

Las primeras veces que vine por el Pirineo hará unos cuarenta años, mi máxima era no meterme en problemas.

Hubo un tiempo que solía ir a Gavarnie porque conocí a alguien.

La primera vez que quise ir tenía previsto acceder por El Portalet.

Era unos tiempos desastrosos con muchos accidentes de montaña.

Lo leía en los periódicos en los ratos que pasaba en el bar del hotel Pirineos de Aínsa.

La Guardia Civil informaba que por El Portalet se habían producido varios aludes.

A mí no me pareció nunca una tontería.

Ya había vivido de cerca problemas con hielo suelto en los senderos de Sierra Nevada.

Estoy hablando de otros tiempos que no tenía conocimientos de rendimiento físico ni era corredor.

Además, las únicas veces que he ido con gente a la alta montaña, eran chistavinos y estábamos trabajando. 

Nunca he ido con nadie a la alta montaña.

¡Mejor solo que mal acompañado!.

Todos los accidentes de montaña tienen responsabilidades y responsables. 

Va a seguir nevando en los próximos días.

Eso quiere decir que se formarán capas de nieve nuevas sobre capas de nieve viejas.

No estén tan seguros que las nuevas capas no queden sueltas por encima de la vieja. 

Sin embargo hay gente que decide ir a la montaña.

Recuerden que durante los años que estuve en el valle, nunca me arriesgué a ponerme en peligro.

Yo no quise poner en peligro a otras personas alertadas por haber ido por donde no debía.

Recuerdo en Olorón Sainte Marie, que conocí a un francés que se unió a la fiesta que teníamos yo y un belga.

El francés nos contó que había ido a la montaña y giró por un lugar que habían prohibido ir.

Los hielos le hicieron resbalar montaña abajo golpeando con todos los riscos cientos de metros. 

Se veía bien pero tenía rayas blancas por toda la cara y el cuerpo.

Había sobrevivido a una gran tragedia en la montaña francesa.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Valle de Chistau - Málaga, la aventura de conducir haciendo prácticas

¡Os voy a contar un secreto!. 

Mi padre se apresuró a que me sacara los carnet de moto A1 y el A2. 

Seguramente pensaba que yo sería distinto durante mi juventud, y me haría un hombre de verdad.

Pero yo nunca pensé en aguantar las tragaderas y las exigencias de unos y 
otros.

A veces pienso la forma que mandé al carajo la vida que me esperaba y la que pudo ser mi novia.

¡Fue una obra maestra!. 

Ella tenía muchas ganas de implicarme en lo que tenían preparado para mí.

Mi madre se apresuró para que me sacara el carnet de coche, pero nunca llegué a conducir ningún automóvil.

Mi padre me enseñó a conducir cuando tenía apenas seis años.

 Con siete años me inscribió en un parque infantil de tráfico en Almería en 1968.

Me gusta estar en el limbo lejos de todo. 

Disfruté mucho trabajando en Plan en lo que me dieran. 

Nunca había tenido un automóvil, y por tanto, nunca había podido practicar.

Hasta que alquilé un coche con la ayuda de Pepe Ruchè y un señor rubio que trabajaba en el valle por entonces.

Fue increíble que yo alquilara un coche para viajar a Málaga por primera vez. 

Hacía que no veía a mis padres más de un año.

Los únicos problemas los tenía con los cambios en las marchas. 

Me faltaba tacto y eso me ponía de los nervios. 

Como dije antes, aprendí a conducir siendo un niño, sentado sobre un maletín al volante de un 600.

Pero nunca practiqué con las marchas.

Los karts del parque infantil de tráfico no tenían marchas.

¿Saben lo que hice para aprender a manejar las marchas?.

Cogí el coche en Lleida, me detuve en un bar a tomar un café, y tracé en el mapa un recorrido fascinante.

No voy a dar muchos detalles del recorrido pero pasé por Flix y vi la central nuclear de Ascó.

Esto quiere decir que en vez de ir por las autovías, decidí ir por carreteras secundarias.

Esas carreteras franquistas tienen miles de curvas muy cerradas por cientos de kilómetros.

No voy a decir los trucos para ir por estas carreteras, pero mi travesía da susto.

No fue la primera vez que lo haría.

Tampoco me entraba modorra al volante.

Ahí aprendí a usar las marchas.

Gandesa, Calaceite, Monroyo, Moreda, Cantavieja, Rubielos de Mora, Titaguas, Talalluelas, Sinarcas hasta Yecla (Murcia).

Toda la noche sorteando curvas en segunda y en tercera, sin cruzarme prácticamente con nadie.

La segunda vez que lo hice había nevado en todo el Pirineo hasta cerca de Barbastro.

Incluso me llamó Ruché.

Me detuve a un lado para coger el móvil y me preguntó si le podría decir hasta dónde llegaba la nieve.

Yo iba aún por Coscojuela de Sobrarbe.

Conducía por la nieve sin ningún problema con el coche que me habían dado.

Iba suave en tercera y en segunda.

Hasta dónde llegaba la nieve, se lo dije a Pepe cuando llegué a Binéfar.

¡Ya saben por qué iba por Binéfar en vez de ir por Zaragoza!.

Tenía que seguir practicando por la montaña de la cornisa mediterránea.

En las autovías de las mesetas nunca hubiera aprendido a mover suavemente las marchas.

Te pones en quinta o en cuarta y te comes los kilómetros sin practicar.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

Qué se siente cuando uno corre por el paisaje de naturaleza del Valle de Chistau

Quizás ya os lo he contado. 

Hubo un tiempo que tenía un calendario de carreras anuales.

Todas esas carreras con los años terminaron por aburrirme.

Yo buscaba mi rendimiento (perfomance en el argot atlético), para coger dinero. 

¿Pero saben qué?.

Hasta los treinta y tres años fui un montañero invernal. 

Viajaba cargado con una enorme mochila y tres bolsas cruzadas. 

Me dedicaba a recorrer largos trayectos a pie de cientos de kilómetros. 

Con treinta y tres años por una pérdida de masa muscular, casualmente me entrenaron en carrera.

Correr por la montaña del Valle de Chistau entrenando era una delicia.

Competir en carreras en el Valle de Chistau, era un sufrimiento enorme.

De hecho, salía a correr para disfrutar después de trabajar en la construcción de la ermita.

De regreso a Plan, siempre iba directo a ponerme las zapatillas.

Si corría durante una hora, iba hasta el final de Plandescún. 

Si salía varias horas, entonces corría ascendiendo por la pista de Chía al Collado de Sahún.

O puede que subiera por Crabils a La Poma para bajar por el mirador de Puyadase. 

Me encantaba subir a la Sentina como el lugar perfecto para una carrera de velocidad.

Las influencias me empujaron hacia la competición en ruta.

Comprendí muy tarde que si quería ganar dinero, tenía que haber competido en pista de atletismo.

Quizás ahí hubiera sido un atleta de renombre a pesar de empezar con treinta y tres años.

Todos los que salen en la tele corriendo pista de atletismo, ni por asomo se acercan a mis marcas.

Recuerdo una carrera de 5 km tan llana como una pista de atletismo.

Hasta el kilómetro 4, especialistas granadinos no pudieron cogerme.

Los malafollás me cogieron por culpa de un amigo traidor 🤣😭

Nunca más fui a competiciones con él.

Así que pude haber sido un atleta de atletismo en pista muy bueno. Fui mal asesorado. 

El caos de carreras en ruta nunca me compensaron.

Dejé las competiciones porque disfrutaba trabajando en Plan.

De hecho me iba a correr después del trabajo. 

Un día salí a correr con José Francisco, un guardia civil de Plan. 

Fuimos al refugio de Viadós. 

Habíamos cruzado el puente de Lisier y empezó a nevar. 

Se puso todo el paisaje blanco. 

Cuando llegamos estuvimos poco rato, regresamos enseguida, vaya a ser que cayera tanta nieve que no pudiéramos correr.

No hacia frío pero se entiende que la ropa de correr, son unos calzoncillos y una sudadera 🤣

Así que correr por Chistau es agradable.

Competir en Chistau siempre fue sufrimiento.

Además, alteraba mi tranquila esencia por muchos días. 

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Joaquín Vila, el carpintero, un tributo más allá de la eternidad en el Valle de Chistau

Vine desde la orilla de mi charca,
buscando el río, 
y ahora veo dónde 
estaba escondido.

Tras esas hierbas altas, 
bajando libre entre las rocosas, 
parece hayarse sumido, 
entre miles de gritos temperamentales, que se esfuerzan por ser oídos.

Bien sabe que me recuerda, 
un lugar del que he salido, 
donde nunca tuve amigos, 
donde más bien 
brillaba un respeto, 
muchas veces invadido, 
por la duda de unos ojos, 
que amenazan 
con volverse enemigos.

Cómo hacer callar las voces 
que al viento lanza el río, 
y ver las aguas pasar 
sin ese su humilde cántico.

Cómo pueden pedirme aquello 
para lo que no he nacido, 
si al igual que la corriente 
de este gigante, 
no debo detener mi camino, 
sino vivir tal 
y para lo que he crecido, 
y aunque mi muerte llega 
cuando el Sol se debilita, 
mi corriente persiste en otro mundo, 
que no es este, 
donde yo ya habré vivido.

martes, 18 de noviembre de 2025

Un cuento chistavino del Valle de Chistau de hace 7.000 años

Hace 7000 años, hubo un tiempo que las tribus del norte, que estaban pasando por una hambruna feroz a causa de las heladas, nos invadieron. 

Mi tribu y mi familia fuimos obligados a emigrar y nos desplazamos hacia los desconocidos territorios del sur.

Cruzamos bosques llenos de grandes bestias que cazamos para alimentarnos.

Y guiados por nuestros líderes tribales y espirituales, escalamos las montañas hasta que encontramos un lugar para vivir, en las laderas nevadas de uno de esos valles que permanecían ocultos, cerrados, lejos de las rutas habituales.

Con el tiempo nuestros hijos nacieron y nuestros abuelos murieron. Y nuestros líderes tribales decidieron construir un sepulcro, tumba o templo, de carácter colectivo, para enterrar sucesivamente a nuestros fallecidos, y también para reunirnos.

Vivimos tiempos cambiantes entre el Neolítico y la Edad del Bronce, y una vez construido el templo, enterramos en el interior a nuestros muertos, entre el amasijo de huesos de anteriores difuntos, con sus pertenencias más importantes.

Para crear un dolmen cortamos la piedra por los afloramientos que servían de cantera, tallamos los bloques extraídos y ajustamos la forma y las medidas, antes de transportarlas hasta el lugar indicado, colocándolas sobre el terreno ya raseado. 

Colocamos también unos menhires, monolitos que parecían emerger del suelo, grandes y misteriosos, señalando imponentes el recorrido de nuestros monumentos funerarios, mágicos, ocultos entre las nieblas de la montaña, que atestiguan nuestra vida religiosa.

En lengua celta 'Menga' significa 'Piedra sagrada', pero nuestro grandioso dolmen ya estaba allí cuando los celtas llegaron.

Cuando desaparecimos, nuestra cámara funeraria estaba formada por inmensos monolitos, algunos por encima de cien toneladas, fechados alrededor del año 3.000 antes de Cristo. 

Somos doscientos años más antiguos que las grandes pirámides de Giza.

Y ochocientos años más viejos que Stonehenge, el famoso círculo de piedras de la llanura de Salisbury. 

¡Felices del sentir chistavino!.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Las perfomances secretas del Valle de Chistau

 Os quiero hablar de mis secretos de perfomance física de carrera que logré experimentar en Chistau. Algunos sabéis de estas pistas para entrenar:

1) La pista del Collado de Sahún es la que más me encantaba. Desde el puente del lado de las piscinas a la curva de bajada a Chía. (12 kms) 

2) La pista de Feneplan subiendo por Crabils y Serveto para experimentar con más profundidad crítica en el mayor sentido de la palabra. Cronometrando desde el puente de La Capilleta para llegar a la peña San Martín y Serveto dejando atrás Señes, girando por Feneplan a Gistaín, bajando por San Juan hasta Plan para terminar junto a los bidones de basura de la calle del aserradero.

3) La pista de la Virgen Blanca hasta el refugio de Viadós que usaba como experimentación para la perfomance de fuerza y velocidad. Los tiempos cronometrados no eran muy de fiar.

4) El mismo recorrido por Crabils y la peña San Martín a Serveto subiendo por la pista de La Poma era todo un reto de velocidad en la subida y en la bajada. Siempre iba echando leches por el barranco Puyadase corriendo toda la carretera Gistaín-San Juan-Plan, siempre hasta los bidones de basura de la calle del Aserradero.

5) La pista de la Sentina en los días más plácidos, aunque pareciera que iba a toda pastilla por la pista, no era donde mejor se entrena, pero disfrutaba un montón viendo el paisaje. Muchas veces cruzaba el barranco de la Simierre viniendo del Collado de Sahún para descender volando para San Juan de Plan. Un encanto de recorrido totalmente físico.

6) La pista de Barbaruens, desde que construimos la ermita de la Virgen de la Plana, fui muchas veces cambiando el recorrido habitual al Collado de Sahún para llegar a aquel prado resbaladizo.

7) También está la pista de Plandescún por ambos lados y el recorrido por el río Cinqueta entre Las piscinas y San Juan de Plan.

Una vez subí a Urdiceto pero no vi viable llegar tan lejos vestido con cuatro trapos poniendo a las personas del pueblo en aprietos corriendo por lugares de difícil acceso. 

Lo hice varias veces pero prefiero tener un control de los recorridos donde la gente sepa por dónde voy. Sobre todo respeto a la montaña.

Normalmente en los recorridos usaba series de 200, 400 y 500 metros porque seguro que la clave estaba ahí. 

No me equivocaba pero tenía que experimentarla y por eso realizaba muchas experimentaciones. 

Había un error de cálculo que no veía porque todos los libros que leía sobre entrenamiento mentían y me obligaba a experimentar.

Un ejemplo de rutina de entrenamiento: 

- La pista del Collado de Sahún hasta Chía, supongo que iniciando en La Capilleta, el mapa marcaba 25 kilómetros. 

- Por los tiempos que yo hacía creía que la subida al mismo Collado de Sahún eran 14 kilómetros a pesar de que me costaba más subir desde Plan al collado que desde Chía al collado. 

- Medí la inclinación media de la pista a mano. Me salió una media de 6,5%. Ahora sé que tiene mucho más 7,9% de media. 

- Para entrenarme fraccionaba los kilómetros del recorrido al Collado desde el puente de las piscinas a la curva de bajada a Chía. 

- Sabía que los kilómetros no eran exactos y yo no tenía medios para medirlos.

- Lo más sencillo era correr series de 400 o 500 metros entrenando por tiempos, 1 o 2 minutos de esfuerzos con intervalos recuperación de 2 o 3 minutos según la tirada.

Explicado de otra forma: 

- Si corría esfuerzos de 1 minuto recuperaba con intervalos de 2 minutos.

- Si corría esfuerzos de 2 minutos recuperaba intervalos de 3 minutos.

(Era muy difícil entrenar sin medios y los libros de entrenamiento mentían como bellacos). 

- Si fraccionamos los 12 kilómetros al collado de Sahún en series de 400 metros, resultan 30 repeticiones de 400 metros solo en la subida. Y suponiendo que recorriera cada 400 metros en un tiempo de 2 minutos, súmenle 3 minutos de recuperación.

En la bajada los músculos trabajan  haciendo equilibrio con la velocidad. Lógico que pudiese caerme de bruces dando con todo los morros en el suelo. Pero nunca me ocurrió.

- Suponiendo que en los 12 kilómetros de la bajada corriese los 500 metros en 2 minutos, serían 23 repeticiones de 500 metros del Collado de Sahún al puente de las piscinas. Ida y vuelta son un total de 53 series en un solo día de rutina. 

- La vuelta por la pista de Feneplan, calculé unos 13,5 kilómetros desde La Capilleta hasta calle del Aserradero. Son 27 series de 500 metros y muchas más series si son de 400 o 200 metros. Como ven, no es ninguna tontería. Es pura ciencia.

Supe los ritmos que corría subiendo a Feneplan por una Ley Física que sé, gracias a que corría por las marcas de 500 metros de la nueva carretera que estaba asfaltando hasta Gistaín.

¿Ustedes son capaces de subir y bajar del Collado de Sahún haciendo esta rutina?

(25x200) Rec1´ +(20x400) Rec 2´ 

(Rec= minutos de recuperación).

Pues eso estoy escribiendo en mis libros de entrenamiento personal. Se acabaron los poemas y las historias. 

Especialista en libros de entrenamiento personal. Y si alguien quiere lo asesoro. No lo entreno.

Las perfomances secretas del Valle de Chistau

Las perfomances secretas del Valle de Chistau

sábado, 15 de noviembre de 2025

El futuro de la hostelería chistavina Valle de Chistau

 De siempre he sabido que mi nombre procede de la primera civilización mesopotámica y que su significado viene a ser "Hijo de la profecía."


Pero no hace falta ser profeta para conocer lo que pasará en el momento que la montaña se llene de gente una vez que las condiciones dejen de tener durezas bárbaras. De hecho cada vez habrá más personajes con alto poder adquisitivo que irán desplazando lo autóctono de otros tiempos.

Está pasando en las grandes ciudades. Se están llenando de Fondos Buitres y franquicias hosteleras que acosan a inquilinos y propietarios. Son grupos económicos del Régimen de difícil acceso que iniciaron hace algunas décadas la gran revolución de sustituir trabajadores por maquinaria. 

Aunque no lo creáis, más tarde que temprano empezaréis a ser sustituidos. En el momento que una franquicia se establezca en Chistau avalada por la firma de tu propio banco, los chistavinos se verán obligados a emigrar para convertir el valle en un parque temático.

Discutirás que eres de derechas o de izquierdas, pero mientras discutes con tu gente si eres lo uno o lo otro, tu banco habrá traspasado propiedades y sus recursos a personas que ni conoces, que son así de simple los prestamistas de tu propio banco.

Mientras en la montaña el trabajo sea duro y la economía de nivel familiar, estarás a salvo. Pero si viajas por ejemplo a Torremolinos te parecerá bonito con sus calles principales llenas de franquicias que se han cargado un montón de economías familiares con la ayuda de los bancos.

Estás viendo lo mismo que llegará al valle cuando la montaña genere suculentos beneficios. Como con los invernaderos almerienses, que la tierra era de sus propietarios y ahora sus propietarios son gente desconocida dentro de los fondos buitres que operan dentro de tu banco porque el dinero bancario que te presta es suyo y tú no lo quieres saber.

Allá donde llegan las franquicias prometen mucho trabajo para ser aceptados en el medio donde van a contratar más bien esclavos, que irán siendo sustituidos con el tiempo por la más moderna maquinaria.

Te sentarás en la mesa de un restaurante al lado de un aparato con aspecto de móvil donde puedes pedir todo lo que deseas comer y beber. Los pocos esclavos de la cocina pondrán en una bandeja tu pedido, marcarán el número de la mesa donde estás sentado y la barra móvil te lo llevará.

Es el mismo sistema operativo que se ven en muchos vídeos de alta cocina asiática. Tu propio cocinero haciéndote la comida justo donde estás sentado. Y aunque no lo creas se forran mientras disfrutas con cara de lelo cómo te hace de comer un menú muy caro ahorrándose un dineral en camareros. 

¿Sabéis qué?. Espero que las vacas del Valle se vuelvan zombis y devoren a los banqueros y sus puñeteros bancos. 

El futuro de la hostelería Chistavina


viernes, 14 de noviembre de 2025

Entrenamiento de grupo ciclista Aínsa-Coll de Sahún

 Os quiero contar lo que sería un entrenamiento ciclista desde Aínsa a la Coll de Sahún con bicicleta de gravel o de montaña. Si son ciclistas con bicicleta de carretera propongo llegada a Gistaín, simplemente porque me gusta que piquen un poco y les falle el motor 😂

Una bicicleta de gravel está a medio camino entre bicicleta de carretera, ciclocross y de montaña. Tiene el aspecto de una bicicleta de carretera junto con las capacidades técnicas de una bicicleta de montaña para poder circular por los senderos. 

La bicicleta de gravel va cojonuda para un entrenamiento desde Ainsa hasta Gistaín, Viadós o la Coll de Sahún. Como si quieren seguir hasta Castejón de Sos y dar la vuelta a todo el macizo Cotiella. Claro que los gorditos o los ciclistas con pocas capacidades preferirán el llanito con subida plana de Aínsa a Bielsa para colocarse unas cervezas sin haber rendido.

Sin embargo los grupos de ciclistas aventureros decidirán una ruta acorde a los sentidos. Por ejemplo, si van con bicicleta de carretera, una marcha hasta Gistaín a través de los duros ascensos del desfiladero de la Inclusa y los últimos cinco kilómetros de ascenso a Gistaín desde Plan con el beneficio de tener en la misma entrada del pueblo la fuente de agua.

Por otro lado, subir desde Aínsa a la Coll de Sahún con su 8% de media es otro de los atractivos para detenerse en el refugio Marradetas de Manolo Buisán a comer y contemplar el eterno paisaje del Valle de Chistau. 

Quien prefiera contemplar el Macizo de Posets, subir por la ribera del río Cinqueta hasta el refugio de Viadós. Pero para adquirir una excepcional condición física, los ciclistas que entrenen deberían ascender hasta Gistaín en un entrenamiento ciclista de envergadura tipo carretera.

Y para los que se quejan del estado antiguo de los túneles de la Inclusa de subida a Plan, os recuerdo que la legalidad dice que hay que llevar luces en la bicicleta yendo por carreteras. Los que entendemos de ciclismo sabemos que llevan coches de apoyo por delante y por detrás dando avisos de paso de ciclistas. 

Eso los aficionados no se lo pueden permitir aunque vayan en grupo, pero muchos tienen amistades que les acompañan en sus largas correrías como coche de apoyo. Así que críticas las justas. Lo que no hay que ser es un pardillo. Y si puedes, arrasa con mis tiempos de ciclista sin ser ciclista, alrededor de 70-80 minutos en los 38 0 40 kilómetros desde la puerta del hotel Pirineos de Aínsa hasta Plan. 

Si quieres una fuente de agua, en el jardín detrás de la caseta de turismo cuando llegas a la Capilleta de Plan, tienes una fuente con agua de los barrancos que rodean el Ibón de Plan.

¡No me seáis caguetas!. 😁


Entrenamiento de grupo ciclista Aínsa-Coll de Sahún

Entrenamiento de grupo ciclista Aínsa-Coll de Sahún

Entrenamiento de grupo ciclista Aínsa-Coll de Sahún

Entrenamiento de grupo ciclista Aínsa-Coll de Sahún



miércoles, 12 de noviembre de 2025

Mis historias sobre el refugio Marradetas del Valle de Chistau

 Normalmente no bebo, pero hoy he tenido muchas ganas de beber y me he emborrachado. Compré una crema de licor Queen Marget buenísima cuya marca no creo que la encuentren, porque la venden en un supermercado franquicia malagueña Maskom. 

Estoy un poco reflexivo sobre el día que supe que el refugio Marradetas lo cogió Manolito  Buisán, alias "El Abogao" o "Tío Manolito". Sentí una pequeña satisfacción entonces y una pena que haya cerrado en septiembre. 

¿Saben la de veces que he ido corriendo al Collado de Sahún a lo largo de más de seis años viviendo en Casa Ballarín?.

Acostumbraba a subir teniendo las suficientes horas de Sol las tardes de verano o por las mañanas. Vestía apenas una sudadera amarrada a mi cintura debajo de la camiseta y un pantalón de atletismo. En invierno con unas mallas sumando una camiseta de manga larga. 

La parte más dura siempre fue el inicio, ya que en la montaña de Chistau cuesta calentar. 

Pasando junto a la casa en construcción de Javi el panadero, era la primera zona donde tragaba polvo y me ardían los pulmones queriendo calentar. Y aún más si era invierno. 

El paraje tan bonito antes del Barranco la Fueva me tranquilizaba un montón. Ese paisaje que se ve el enclave con los tres pueblos y la profundidad del valle de Gistaín con las grandes montañas que hacen frontera con Francia.

Nada más pasar el barranco la Fueva tragaba polvo en cantidad hasta la primera curva de ascenso al Collado de Sahún. 

Supongo que desde las piscinas ya llevaría unos dos kilómetros de recorrido y a partir de ahí el polvo se quedaba atrás en el Barranco la Simierre.

Subir por esas curvas dejando atrás el Mirador de La Riba hasta el pequeño refugio a pie de pista al borde del Barranco de la Cruz, requería de piernas muy fuertes y rápidas con algunos sobreesfuerzos fuertes que permitían correr con ciertos malestares propios de la adaptación a la altitud de la montaña, corriendo hacia arriba como si subiese escalones por unas escaleras con diferentes niveles de inclinación.

Lo más duro por mucho que digan no está en esa zona. Una de las zonas más duras e inclinadas está llegando al repetidor. La otra tras dejar atrás el cruce Chía-Barbaruens, donde la inclinación hace que los pasos de carrera aparenten como si corriese a cámara lenta, oyendo fuerte los latidos de mis ritmos cardíacos, con el cuerpo ardiendo e intentando respirar.

La peor parte sucede cuando se ve el refugio Marradetas ahí mismo, cerca, y uno se desespera porque no termina de llegar.

La pendiente muy fuerte se esconde en las curvas previas por el Barranco de los Espuzos, antes de llegar al Puerto de Sahún, que el mapa marca junto al refugio Marradetas.

Así que cuanto más rápido iba, ni miraba el refugio porque mi objetivo era el Collado de Sahún, que está 750 metros más adelante de la entrada al refugio, justo en la curva de bajada a Chía, que por entonces no me parecía que hubiese tanta distancia.

No llevaba agua. ¿Saben dónde bebía agua hasta saciarme?. Bajaba al abrevadero de vacas que se ve desde la cima del collado, que aunque parezca que está cerca, hay un buen trecho bajando. 

Pero de eso trata el deporte, saber donde hay agua para beber es esencial si vas por la montaña. Y más como yo, vestido con una camiseta, un pantalón de atletismo y una sudadera. 

Sí que a veces llevaba un bote de agua con minerales, pero no siempre porque era una carga para los ejercicios que pretendía hacer.

El abrevadero me encantaba y me tiraba allí sentado un buen rato, y más cuando había vacas. 

Cuando subía entraba en el refugio Marradetas, abría las ventanas y estaba allí más de media hora contemplando el paisaje de los Urdicetos, las Punta Suelza y las Culfredas. 

Cuando iba por las tardes contemplaba los atardeceres que eran maravillosos. No me importaba volver a Plan un poco anochecido mientras pudiera ver el camino.

Cuando ocurrió lo del zarpazo del oso en el Collado de la Cruz, subía menos. Pero no creo que fuera por el oso, sino porque estaba haciendo experimentaciones importantes para mi en la zona de Feneplan y La Poma. 

Menudas bajadas me pegaba desde La Poma bajando por la Cruz de Puyadase, por Gistaín hasta Plan. 

De hecho, entre el mes de marzo y finales de diciembre de 2023, estuve yendo a la ciudad deportiva de Málaga, a pesar de mi lesión de Pata de Ganso, a experimentar.

Estuve entrenando lo que por entonces desarrollaba en Feneplan y La Poma, con la diferencia que lo hice en una máquina elíptica en el gimnasio. 

Al final de la primera fase, antes del verano, a pesar de estar bastante gordito, corría unas veinte series de 500 metros en aproximadamente 380 pasos por minuto. 

En la segunda fase, de finales del verano hasta mediado el mes de diciembre, corría unas treinta series de 500 metros marcando 400 pasos por minuto.

Bueno, esto de los pasos se lo dejo a los expertos y los incrédulos😂 para que se coman la cabeza. Tengan en cuenta que tenía sesenta y dos años. Llevo cinco años lesionado con una Pata de Ganso y a finales de agosto cumplí sesenta y tres años. Bueno sí, también estoy gordito 😃 

Me quedo con aquellos paisajes que viví desde el Refugio Marradetas. Solo me queda comentaros que cuando regresaba a Plan, cerraba las ventanas y las puertas para que el refugio Marradetas estuviese protegido, ya que muchas veces me lo encontraba abierto de par en par.

Mis historias sobre el refugio Marradetas



La cena diaria con la diosa del vino en Plan, Valle de Chistau

A lo mejor algunos lo entienden, pero Cristina Ruché hizo de mi cena de todos los días, un acto de espiritualidad religiosa.  El acto religi...