Mi padre se apresuró a que me sacara los carnet de moto A1 y el A2.
Seguramente pensaba que yo sería distinto durante mi juventud, y me haría un hombre de verdad.
Pero yo nunca pensé en aguantar las tragaderas y las exigencias de unos y
otros.
A veces pienso la forma que mandé al carajo la vida que me esperaba y la que pudo ser mi novia.
¡Fue una obra maestra!.
Ella tenía muchas ganas de implicarme en lo que tenían preparado para mí.
Mi madre se apresuró para que me sacara el carnet de coche, pero nunca llegué a conducir ningún automóvil.
Mi padre me enseñó a conducir cuando tenía apenas seis años.
Con siete años me inscribió en un parque infantil de tráfico en Almería en 1968.
Me gusta estar en el limbo lejos de todo.
Disfruté mucho trabajando en Plan en lo que me dieran.
Nunca había tenido un automóvil, y por tanto, nunca había podido practicar.
Hasta que alquilé un coche con la ayuda de Pepe Ruchè y un señor rubio que trabajaba en el valle por entonces.
Fue increíble que yo alquilara un coche para viajar a Málaga por primera vez.
Hacía que no veía a mis padres más de un año.
Los únicos problemas los tenía con los cambios en las marchas.
Me faltaba tacto y eso me ponía de los nervios.
Como dije antes, aprendí a conducir siendo un niño, sentado sobre un maletín al volante de un 600.
Pero nunca practiqué con las marchas.
Los karts del parque infantil de tráfico no tenían marchas.
¿Saben lo que hice para aprender a manejar las marchas?.
Cogí el coche en Lleida, me detuve en un bar a tomar un café, y tracé en el mapa un recorrido fascinante.
No voy a dar muchos detalles del recorrido pero pasé por Flix y vi la central nuclear de Ascó.
Esto quiere decir que en vez de ir por las autovías, decidí ir por carreteras secundarias.
Esas carreteras franquistas tienen miles de curvas muy cerradas por cientos de kilómetros.
No voy a decir los trucos para ir por estas carreteras, pero mi travesía da susto.
No fue la primera vez que lo haría.
Tampoco me entraba modorra al volante.
Ahí aprendí a usar las marchas.
Gandesa, Calaceite, Monroyo, Moreda, Cantavieja, Rubielos de Mora, Titaguas, Talalluelas, Sinarcas hasta Yecla (Murcia).
Toda la noche sorteando curvas en segunda y en tercera, sin cruzarme prácticamente con nadie.
La segunda vez que lo hice había nevado en todo el Pirineo hasta cerca de Barbastro.
Incluso me llamó Ruché.
Me detuve a un lado para coger el móvil y me preguntó si le podría decir hasta dónde llegaba la nieve.
Yo iba aún por Coscojuela de Sobrarbe.
Conducía por la nieve sin ningún problema con el coche que me habían dado.
Iba suave en tercera y en segunda.
Hasta dónde llegaba la nieve, se lo dije a Pepe cuando llegué a Binéfar.
¡Ya saben por qué iba por Binéfar en vez de ir por Zaragoza!.
Tenía que seguir practicando por la montaña de la cornisa mediterránea.
En las autovías de las mesetas nunca hubiera aprendido a mover suavemente las marchas.
Te pones en quinta o en cuarta y te comes los kilómetros sin practicar.
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