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sábado, 31 de enero de 2026

La cena diaria con la diosa del vino en Plan, Valle de Chistau

A lo mejor algunos lo entienden, pero Cristina Ruché hizo de mi cena de todos los días, un acto de espiritualidad religiosa. 

El acto religioso llegaba después de un largo día, de trabajo, de entrenamiento de preparación física, psicológica y mental. 

En todo eso entraban los amigos, las vivencias, nuevos conocidos, cosas que pasaban, circunstancias.

Mis esencias o persona estaba repartida entre Casa Ruché y Casa Ballarín sin ninguna duda. Eran mi familia.

Mi cena se pagaba de mi jornal mensual, del trabajo de cada día, y me gustaba tanto ese trabajo que pasó muy rápido el tiempo. 

Si mi madre tiraba de mí, yo estaba en problemas. Lo dejé claro durante años.

Pero en la cena siempre brillaba la diosa del vino, y Cristina me dijo muchas veces que no bebiera tanto vino.

¿Pero qué es una buena cena sin la botella de vino que me ponía Cristina Bruned?.

Llegaba de ducharme en Ballarín, tomar un café en el hotel, y como único cliente de Cristina, ella encendía las luces del comedor.

- ¿Vas a cenar?.

Me preguntó muchas veces cuando me vio indeciso, que a lo mejor quería rebelarme contra la cena y la diosa del vino.

Yo la miraba como una persona de autoridad que lo único que buscaba es verme bien alimentado. 

Quizás ella es la persona que más se daba cuenta que siempre he sido un crío hábido aventuras.

No porque quisiera hacer daño a nadie, pero iba detrás de cosas que para la mayoría son mariposas revoloteando por el campo. 

Rara vez también salía el macarra, pero ese no era yo, sino un individuo que nació en tiempos de duras necesidades y supervivencia.

Procede de los tiempos del caimán, que llegué a ser el jefe de auténtico grupo de macarras.

Pero a partir de los dieciséis años todo cambió.

Todas estas vidas y todos estos seres circulaban todas las noches en las cenas solitarias servido por Cristina o Pepe.

Cada día les di gracias, muchas gracias, en silencio, mientras saboreaba los platos que sabían que me gustaban.

La botella de vino era la diosa de mi espiritualidad.

Me alejaba de las tentaciones y de las cosas malas, purgando la esencia del trabajador y del corredor de fondo.

¡Pues no!. Nunca me habían tratado con tanta estima ni tanta atención, la misma que yo quería devolver cada día sin complicarme en intereses. 

Era un ritual tan cercano como misterioso.

La botella de vino y el cesto de pan eran lo más parecido a la misa de una iglesia, excepto por la escena tan familiar y cercana. 

¡No os quiero desentrañar más!.

viernes, 2 de enero de 2026

Los aludes en las montañas de nuestro entorno del Pirineo

Siempre le he tenido mucho respeto a la montaña. 

En Chistau corría por la nieve entanto la capa me lo permitía. 

A tener en cuenta que unas zapatillas de correr, excepto la suela de tartán, el resto son materiales de trapo que permiten la transpiración de los pies. 

Una de las veces que hice el Camino de Santiago, corrí un montón de kilómetros por las sierras más altas nevadas.

Tengo mis secretos para mantener los pies secos cuando corro sobre cierto tipo de nieve.

Mi recorrido favorito siempre fue llegar al Collado de Sahún.

Muchas veces que estuvo nevado, fui hasta donde los pies no se hundieran en la nieve.

En cuanto se hunden los pies en la nieve dificultando la carrera, vuelta para atrás y regreso.

Eso quiere decir que muchas veces no he llegado al Collado porque la cantidad de nieve me lo impidió.

Lo mismo ocurrió cuando subía a La Poma.

La Poma sí que es un sitio desolador donde no ves ni Gistaín.

Cualquiera que no lo conozca bien se va a desorientar.

En una ocasión os conté que estuve un tiempo corriendo junto a José Francisco, un guardia civil de Plan.

Subimos a Viadós un día bastante desapacible.

Abandonamos la carretera entrando en el carril a la vera de la ermita de Gistaín y se puso a nevar.

Decidimos seguir porque las zapatillas no se hundían en la nieve polvo.

No paró de nevar ni cuando volvimos de Viadós.

Teniendo apenas 20 años, iba a la alta montaña de Sierra Nevada.

Me enseñaron en pocos minutos los peligros de la sierra en un bar de Órgiva.

El dueño del bar me enseñó a tener fuerzas para ir y guardar fuerzas para volver

También me enseñó a no meterme donde no debiera.

Las primeras veces que vine por el Pirineo hará unos cuarenta años, mi máxima era no meterme en problemas.

Hubo un tiempo que solía ir a Gavarnie porque conocí a alguien.

La primera vez que quise ir tenía previsto acceder por El Portalet.

Era unos tiempos desastrosos con muchos accidentes de montaña.

Lo leía en los periódicos en los ratos que pasaba en el bar del hotel Pirineos de Aínsa.

La Guardia Civil informaba que por El Portalet se habían producido varios aludes.

A mí no me pareció nunca una tontería.

Ya había vivido de cerca problemas con hielo suelto en los senderos de Sierra Nevada.

Estoy hablando de otros tiempos que no tenía conocimientos de rendimiento físico ni era corredor.

Además, las únicas veces que he ido con gente a la alta montaña, eran chistavinos y estábamos trabajando. 

Nunca he ido con nadie a la alta montaña.

¡Mejor solo que mal acompañado!.

Todos los accidentes de montaña tienen responsabilidades y responsables. 

Va a seguir nevando en los próximos días.

Eso quiere decir que se formarán capas de nieve nuevas sobre capas de nieve viejas.

No estén tan seguros que las nuevas capas no queden sueltas por encima de la vieja. 

Sin embargo hay gente que decide ir a la montaña.

Recuerden que durante los años que estuve en el valle, nunca me arriesgué a ponerme en peligro.

Yo no quise poner en peligro a otras personas alertadas por haber ido por donde no debía.

Recuerdo en Olorón Sainte Marie, que conocí a un francés que se unió a la fiesta que teníamos yo y un belga.

El francés nos contó que había ido a la montaña y giró por un lugar que habían prohibido ir.

Los hielos le hicieron resbalar montaña abajo golpeando con todos los riscos cientos de metros. 

Se veía bien pero tenía rayas blancas por toda la cara y el cuerpo.

Había sobrevivido a una gran tragedia en la montaña francesa.

La cena diaria con la diosa del vino en Plan, Valle de Chistau

A lo mejor algunos lo entienden, pero Cristina Ruché hizo de mi cena de todos los días, un acto de espiritualidad religiosa.  El acto religi...